Tierra de cementerio

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Tierra de cementerio para rituales de separación, alejar enemigos y otros…

Descripción

El cementerio es el lugar donde se depositan los restos mortales de los difuntos. Dependiendo de la cultura del lugar, los cuerpos pueden introducirse en ataúdes, féretros o sarcófagos, o simplemente envolverse en telas, para poder ser enterrados bajo tierra, depositados en nichos, mausoleos u otro tipo de sepulturas. La palabra cementerio viene del término griego koimetérion, que a su vez dio origen a la palabra latina  cemeterium. Ambas palabras tienen el mismo significado: dormitorio. Según las creencias cristianas, en el cementerio los cuerpos duermen hasta que llegue el Día de la resurrección. A los cementerios cristianos se les llama también camposantos. También en la cultura y religión musulmanas, el suelo o tierra del cementerio es la morada natural de los fallecidos. En la tierra se completa el ciclo vital del hombre, al que el Corán cita en el versículo 20/55: “De ella (la tierra) os creamos, a ella os retornaremos y de ella os haremos surgir otra vez”.  Esta creencia es muy similar a la expresada por el cristianismo: “Polvo eres y al polvo volverás”.

Usualmente, los cementerios son comunitarios; en cada uno de ellos se encuentran las tumbas de los miembros de la comunidad o lugar donde se hallan ubicados; cada difunto tiene su propio espacio determinado aunque, por decisión familiar y transcurrido un tiempo determinado, suele ser habitual que se entierre a varios o sucesivos miembros de la familia en el mismo lugar.

Tierra curativa… y tierra que enferma

Los cementerios, tumbas, sepulcros, etcétera, a pesar de su imagen y aspecto muchas veces tétricos, en cierta manera han sido asimilados en la cultura popular como signos de buena suerte. Así por ejemplo, una de las creencias que durante largo tiempo estuvo muy extendida fue la de  los poderes mágicos y curativos que tenía la tierra de las tumbas de los santos o de aquellos que murieron prematuramente y que eran identificados con los ángeles. En la Edad Media está documentada una cita de Beda el Venerable, en la que se nos dice que “muchas personas cogían tierra de la tumba de San Osvaldo, y, mezclándola con agua, la daban de beber a los enfermos y éstos se curaban”.

Pero, por otro lado, junto a esta creencia de que la tierra donde estaban enterradas personas santas tenía virtudes curativas, creció y se desarrolló otra creencia radicalmente distinta, de corte diametralmente opuesto al anterior: la de que la tierra de cementerio aporta ‘malas energías’ a las personas. Citaremos aquí un ejemplo concreto: en Colombia está muy extendida la creencia de que tras una visita al cementerio, la persona experimenta una gran sensación de cansancio, porque el cementerio roba fuerzas; la tierra del cementerio sala el cuerpo y trae malas energías. Así pues, cuando los familiares  y amistades del difunto llegan “cansados” del cementerio, deben tomar una ducha de agua tibia con alcohol, para limpiar el cuerpo de esas energías negativas. Asimismo, todo quien haya estado en un cementerio hará bien en echarse azúcar en los pies, ya que con ello exorcisará todo atisbo de malos presagios. En otros países sudamericanos, Chile incluido, hay también muchas personas que creen firmemente en que, cuando uno entra a un cementerio y pisa tierra, con esa acción abarca y atrae hacia sí todos los males del lugar. Un respetable caballero nos decía en la puerta del Cementerio General de Santiago: “Puedes entrar toda clase de males en tu casa si llevas tierra de cementerio pegada a tus zapatos y sin darte siquiera cuenta la esparces en tu casa al llegar”. Y otro testimonio recogido en el mismo lugar: “Hay mucha diferencia de cuando entras a cuando sales, uno puede entrar acá feliz y salir deprimido y con desánimo”.

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